Lo ejecuto
Sale de mis manos, con mi nombre detrás.
- Plan de comunicación anual y su revisión trimestral
- Narrativa corporativa y mensajes clave
- Prensa y medios
- Calendario editorial y textos de web y redes
- Reporte mensual a dirección
Todas las empresas necesitan un director de comunicación, también la tuya.
Un responsable de comunicación que no está en tu nómina pero sí en tus decisiones y en el día a día de tu empresa. Estrategia, narrativa, contenidos, redes, web, prensa, relación con los medios, publicidad y proveedores dejan de ir cada uno por su lado y empiezan a responder bajo un mismo criterio.
Politólogo · Máster en comunicación corporativa · MBA
Graduado en Ciencias Políticas, Máster en Marketing y Comunicación Corporativa y MBA en transformación digital. Desde hace más de 12 años trabajo en comunicación digital, corporativa e institucional. He dirigido equipos y proveedores, defendido presupuestos ante dirección y respondido cuando algo no salía como estaba previsto. Esa experiencia, no solo la producción, es lo que aporto a cada empresa donde entro como responsable externo.
No llego con un catálogo de servicios cerrado. Entro a entender el negocio, decido junto a dirección qué hace falta y qué no, y ejecuto directamente lo que puedo hacer yo mismo o coordino lo que hay que subcontratar para que todo comunique bajo un mismo criterio.
«Sin dirección, la comunicación es solo ruido.»
No hace falta un diagnóstico complicado. Basta con reconocerse en dos o más de estas situaciones para saber si lo que falla es la comunicación o quien decide qué y cómo se comunica.
¿Cuántas se cumplen en tu empresa?
Si te has reconocido en dos o más: no os falta actividad. Os falta quien decida, con criterio, qué hacer y qué dejar de hacer.
No es una lista de servicios contratables por separado: es el perímetro del que respondo. Unas cosas las ejecuto yo y otras las coordino, pero todas funcionan en una misma dirección.
Qué queremos que piensen de la empresa, en qué plazo y a costa de qué, con objetivos escritos y una reunión mensual que mide qué se corrige.
El relato de la empresa y los mensajes clave, para que comercial, RRHH y marketing cuenten lo mismo.
Gabinete de prensa, relación con medios, notas de prensa y presencia pública para contar tu historia de forma noticiable y relevante.
Presencia con criterio en los canales que importan a tu sector, con una línea editorial planificada, no publicaciones sueltas.
Plan editorial, calendario y producción de contenidos: qué se cuenta cada mes, dónde y para quién.
Que la web esté alineada con la estrategia y posicionada con SEO para mejorar los resultados de búsqueda.
Campañas de publicidad digital en Google, redes sociales y otros canales, con la inversión y los resultados bajo control.
Fotografía corporativa y producción de vídeo para construir una dirección visual reconocible y coherente con tu imagen.
Brief, selección, negociación y control de calidad de quien produce para ti.
La duda razonable con una figura así es dónde acaba tu papel y dónde empieza el mío. Esto es el reparto, por escrito, desde el primer día. Sin zonas grises y sin sorpresas en la factura.
Sale de mis manos, con mi nombre detrás.
Lo produce otro; el brief y el visto bueno son míos.
Decisiones que no debe tomar un externo.
La diferencia práctica: con proveedores sueltos, cada error tiene tres culpables posibles y ninguno confirmado. Aquí, si la comunicación no avanza, hay una sola persona a la que preguntar. Eso es lo que se contrata.
Nadie dirige lo que no conoce. El trimestre inicial se dedica a entender la empresa por dentro y a dejar el terreno preparado; producir desde el primer día sería empezar la casa por el tejado.
Entrevistas con dirección, comercial y producción. Auditoría de lo que hay: web, canales, materiales, presencia en medios y proveedores activos. Salida: un informe con lo que funciona, lo que sobra y lo que falta.
Narrativa, mensajes clave, prioridades del año y presupuesto orientativo por partida. Se aprueba en una reunión de dirección y a partir de ahí es el documento que manda sobre cualquier decisión suelta.
Arranca el calendario, entran los proveedores con brief nuevo y se monta el cuadro de seguimiento. Desde aquí, la rutina es mensual: se ejecuta, se mide, se corrige.
Se contrata alcance y responsabilidad, no horas ni entregables contados. El plan se ajusta al tamaño de la empresa y a cuánto de la ejecución quieres que asuma yo.
Tienes equipo o proveedores; lo que falta es criterio y orden.
800€ / mes + IVA
Quieres dirección y además que buena parte se haga sin montar equipo.
900 – 1.200€ / mes + IVA
Comunicación es una prioridad del año y quieres un solo responsable.
1.400 – 1.800€ / mes + IVA
Las cifras son horquillas de partida: el plan definitivo se cierra después del diagnóstico, cuando ambos sabemos qué hace falta de verdad. La inversión en medios, imprenta y licencias va aparte y a tu nombre. Sin permanencia, con seis meses de compromiso razonable.
Una conversación de media hora basta para saber si esta figura te encaja o si todavía te sale mejor contratar servicios sueltos. Cuando la respuesta es la segunda, lo digo.
Preguntas frecuentes
En que no compras piezas, compras criterio y responsabilidad. Con servicios sueltos cada proveedor optimiza lo suyo y nadie responde del conjunto. Aquí hay una sola persona que decide qué se hace, qué no se hace y en qué orden, y que responde del resultado global ante dirección.
No se vende por horas, se vende por alcance y responsabilidad. En la práctica supone entre 20 y 50 horas mensuales según el plan, con una reunión de dirección al mes, disponibilidad para decisiones urgentes y un informe de seguimiento.
Sí. Si tu agencia, tu imprenta o tu desarrollador funcionan, se quedan y pasan a trabajar bajo un mismo brief. Solo se propone cambiar a un proveedor cuando el problema es él y no la falta de dirección.
Para empresas de aproximadamente 10 a 100 trabajadores: ya tienen suficiente actividad de comunicación como para necesitar dirección, pero no el volumen que justifica un director de comunicación en plantilla con su coste asociado.
No hay contrato de permanencia, pero el compromiso mínimo razonable son seis meses: el primer trimestre se dedica en gran parte a ordenar y a poner en marcha, y juzgar resultados antes de ese plazo no da información fiable.