¿Qué es el AI slop y por qué empieza a cansarnos?

Abres Instagram y aparece una voz que ya has escuchado veinte veces, aunque nunca pertenece a la misma persona. Después llega un vídeo con imágenes impecables de una empresa que podría ser cualquiera. El siguiente carrusel promete cinco consejos que se parecen demasiado a los cinco consejos de ayer. Cada pieza, por separado, puede estar bien resuelta. Juntas producen una sensación difícil de quitarse: hay mucho contenido y muy poco que merezca recordar.

AI slop es el nombre que se está dando al contenido de poco valor producido con inteligencia artificial, a menudo de forma masiva y con escasa revisión. Dentro de ese cajón caben imágenes absurdas, historias inventadas para provocar reacciones y publicaciones perfectamente correctas que no aportan ninguna idea propia. El problema también existe sin IA: una marca puede llenar su calendario a mano y terminar siendo igual de intercambiable.

El término recoge un cansancio que conviene tomar en serio. Brandwatch analizó la conversación sobre slop y encontró que el 82% de las menciones cuyo sentimiento pudo clasificar eran negativas. Ese dato no significa que el 82% de la población odie todo lo generado con IA. Describe el tono de una conversación concreta, en la que las personas están señalando contenido que consideran pobre.

Creo que esa saturación está haciendo más visible algo que las marcas llevan años teniendo delante: las personas que trabajan en ellas, los problemas que resuelven y las decisiones que toman. Cuando producir una imagen convincente resulta cada vez más sencillo, mostrar algo que realmente ha ocurrido puede adquirir otro valor. Esa es la contratendencia que me interesa.

¿Está ganando valor el contenido natural frente al contenido generado con IA?

Hay señales que apoyan esta lectura. El informe de estrategia de contenidos de Sprout Social para 2026, basado en encuestas a más de 2.300 consumidores de Estados Unidos, Reino Unido y Australia y a 1.200 profesionales del marketing, sitúa el contenido creado por humanos como la primera prioridad que los consumidores piden a las marcas. Es una preferencia declarada en esos mercados, no una medición de todos los usuarios españoles.

La propia TikTok, en su previsión de tendencias para 2026, invita a las marcas a escuchar y compartir historias reales para acercarse a sus comunidades. Es la interpretación comercial de una plataforma interesada en atraer anunciantes, pero resulta significativa: la conversación sobre innovación también está girando hacia lo cotidiano.

De ahí a afirmar que el algoritmo premia automáticamente los vídeos sin editar hay un salto. Una encuesta sobre confianza no demuestra más alcance, y una persona hablando a cámara puede aburrir tanto como un anuncio. La oportunidad aparece cuando esa persona aporta una explicación, una observación o una experiencia que merece atención. La naturalidad permite que eso llegue con menos distancia.

Por eso prefiero hablar de recuperar presencia humana. Ver a alguien explicar cómo trabaja permite reconocer su voz, entender cómo piensa y hacerse una idea de cómo será tratar con él. En servicios profesionales, donde buena parte de la compra depende de confiar en quien tienes delante, esa familiaridad puede ayudar mucho antes de que llegue una solicitud de presupuesto.

¿Qué es el yapping y qué explica su atractivo?

Yapping viene del inglés coloquial y alude a hablar mucho, a veces a charlar sin parar. En contenidos se usa para describir vídeos conversacionales en los que alguien habla directamente a cámara con una puesta en escena sencilla. Puede grabarse con el móvil, en el coche o en el lugar de trabajo, con pocos cortes y sin una producción llamativa. Es una etiqueta informal, no un formato oficial de las redes.

Digivizer analiza esta tendencia y advierte de una confusión útil para las marcas: imitar el aspecto casero deja fuera buena parte de lo que hace interesante el vídeo. La persona necesita tener algo que contar y conseguir que se entienda. La cámara frontal, por sí sola, aporta bastante poco.

Pensemos en una empresa de reformas. Puede publicar una pieza genérica sobre calidad y compromiso, o puede grabar a quien dirige la obra explicando por qué han detenido un trabajo al descubrir humedad. En el segundo caso hay una situación, una decisión y unas consecuencias para el cliente. La marca permite ver su criterio en acción. Es un ejemplo de enfoque, no un caso con resultados medidos.

Ese vídeo puede prepararse. Anotar la idea central y comprobar que se oye bien suele mejorar el resultado. Incluso puede editarse para eliminar una repetición larga. Lo que merece conservarse es la manera de explicar de esa persona, con sus palabras y su razonamiento. Si termina recitando un texto corporativo mirando al objetivo, hemos cambiado el decorado, pero la distancia sigue ahí.

¿Cómo puede una marca mostrarse más humana sin perder profesionalidad?

La materia prima suele estar en conversaciones que ya ocurren dentro del negocio. Qué pregunta se repite antes de contratar, qué error cuesta dinero, por qué una solución sirve en un caso y falla en otro. Esas dudas permiten construir contenido útil desde el trabajo real, sin obligar a todo el equipo a convertirse en creador de entretenimiento.

Una asesoría de Zaragoza podría explicar qué documentos necesita para resolver una consulta y por qué los pide. Un fabricante puede enseñar cómo comprueba una pieza antes de entregarla. Una tienda puede comparar dos productos que vende y reconocer para quién no recomendaría el más caro. En todos esos ejemplos, la cercanía nace de compartir información que ayuda a elegir.

También hay personas que explican muy bien su oficio mientras trabajan y se bloquean delante de una cámara. Una conversación con alguien al otro lado del objetivo puede funcionar mejor que pedirles un monólogo. Hacer buenas preguntas, encontrar un lugar cómodo y acompañar la grabación forma parte de una producción de contenido para redes sociales pensada para sacar a la luz lo que la empresa ya sabe.

La calidad técnica tiene su función. Un sonido comprensible evita esfuerzo al espectador; una luz cuidada permite ver lo que se está enseñando; unos subtítulos revisados hacen accesible la explicación. Me interesa una producción que ayude a escuchar a la persona. Eliminar recursos que distraen puede mejorar una pieza tanto como añadir el plano que falta.

Y conviene resistirse a fabricar imperfecciones para parecer auténtico. Un error fingido, una anécdota inventada o una supuesta reacción espontánea pueden convertirse en otra plantilla. La naturalidad se sostiene cuando lo que mostramos coincide con la forma en que atendemos, respondemos y trabajamos después.

¿Qué aportan los podcasts y las conversaciones largas a esta estrategia?

Cuando una explicación necesita matices, el vídeo corto se queda pequeño. Un podcast permite escuchar cómo una persona desarrolla una idea, responde a una objeción o reconsidera algo después de una pregunta. Esa continuidad ofrece una imagen más completa de su criterio que una sucesión de frases contundentes.

Por ejemplo, una empresa industrial puede reunir a alguien de producción y a una persona de atención al cliente para conversar sobre lo que ocurre cuando una entrega se retrasa. Si la charla entra en las decisiones y las dificultades reales, el público entiende mejor el trabajo que hay detrás. La misma conversación puede ofrecer después varios fragmentos para redes, cada uno con contexto suficiente para entenderse por separado.

Ahí veo una función interesante para un podcast corporativo: dedicar tiempo a una buena conversación y aprovechar las ideas que surjan. La preparación importa, especialmente la elección del tema y de las preguntas. Un estudio bien equipado también puede albergar una conversación cercana; lo artificial aparece cuando todas las respuestas están cerradas de antemano y nadie escucha de verdad.

Los fragmentos deberían respetar lo que quiso decir quien habla. Quitar una condición para conseguir una frase más rotunda puede aumentar el gancho y empeorar la representación de la marca. La confianza que buscamos depende también de esas pequeñas decisiones de edición.

¿Cómo llevar esta contratendencia al calendario de contenidos?

Yo empezaría por una prueba manejable durante un mes. Elegiría cuatro preguntas frecuentes de clientes y una persona del equipo que pudiera responderlas desde su experiencia. Grabaría una explicación por pregunta, incorporando una muestra del trabajo cuando ayudara a entenderla. A partir de ahí, publicaría con continuidad y dedicaría tiempo a responder las dudas nuevas que aparecieran.

Para evaluar la prueba miraría la retención en relación con la duración, los comentarios que plantean preguntas concretas y las visitas al perfil o a la página del servicio. También preguntaría en las consultas comerciales cómo han conocido a la empresa. Un vídeo con menos visualizaciones puede estar acercando a las personas adecuadas, aunque una sola consulta tampoco basta para atribuirle todo el resultado.

Si se compara con piezas anteriores, hay que considerar el tema, la audiencia y si hubo inversión publicitaria. Cambiar a la vez formato, mensaje y distribución hace difícil saber qué ha funcionado. Una estrategia de redes sociales para empresas debe dar continuidad a lo que genera interés útil, y corregir lo que resulta pesado o repetitivo.

La IA puede ayudar en parte de este trabajo: transcribir una entrevista, ordenar dudas, proponer cortes o preparar subtítulos que luego se revisan. El criterio editorial consiste en decidir dónde aporta y qué merece salir de una experiencia real. Usarla para inventar esa experiencia nos devuelve al problema inicial.

Creo que las marcas tienen una oportunidad en este cansancio. Pueden abrir una ventana a su trabajo y dejar que se escuche a quienes lo hacen. Habrá piezas elaboradas y otras grabadas con un móvil; ambas pueden tener sentido. Lo que me parece cada vez más valioso es terminar de verlas y sentir que has conocido un poco mejor a alguien. Cuando todo parece hecho con IA, esa sensación merece cuidarse.